lunes, noviembre 14, 2005

La Muerte De Marilyn (Según Miguelius)

"Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo"
Napoleon


Estaba la rubia estirada en su cama, con una bata de dormir color púrpura, los ojos hinchados y el maquillaje corrido. Sus manos estaban más frágiles que nunca, su pelo desordenado, no tenía intención de arreglarlo, ¿Para qué?, ¿Para quién? Se revolcaba pacíficamente dentro de su odiosa desesperación, se le abría la seda que la cubría y dejaba su cuerpo al descubierto. Su perfección era inigualable, La finura de sus relieves poseía la precisión maestra del Creador, era blanca y fina, tenía un color azul ciego en los ojos que atrapaba a cualquiera. Su sonrisa, que ya no existía, había dejado huellas eternas, una suavidad inconteniblemente hermosa, donde la dulzura de sus gestos se iban mezclando con la soledad de su ser. Tiritaba hundida en un miedo a todo, ajena a cualquier acercamiento, se sentía vieja y desechada.
Sus pechos ya no brillaban, su luz no era la misma y estaba sola. Pero no podía negárselo; su trasero era el mejor, su sonrisa también, la cintura perfecta, todo divino. El mundo estaba sus pies. Sus sueños no. Todo era marcado por esa lucha de por vida, la de su ser, ella era una gran guerra. Se peleaba todo, a toda hora, no había paz en sí, en cada momento se abatía su orgullo contra la inseguridad, la soledad contra la desesperanza, la consideración contra la indiferencia. Sólo quedaba una solución: callarlo todo y así seguir o perderse.
Se paró, se sacó la bata de dormir. Tomó su pelo con un broche de oro, regalado por un hombre de los muchos con que había estado. Se secó las lágrimas, dispersadas por todo el rostro y siguió caminando desnuda por la amplia habitación marrón. Llegó a una cómoda, tomó un frasco y lo tiró a la cama. Dio dos pasos más y quedó frente a una ventana, apartó las cortinas y observó. La noche era tibia, el ruido de la ciudad golpeaba contra el silencio del exclusivo barrio donde vivía. Se sentían algunos autos pasar y a los lejos podía mirarse cada pequeña luz de la cosmopolita capital de los sueños, sus sueños. El cielo estaba estrellado y se dispersaban unas pocas nubes, que eran alumbradas por la radiante luna llena que acogía a los bohemios de esa noche. Había un viento fresco, recogía el ambiente, convirtiéndolo en algo más conciliador y estrecho. Todo era paz, nada más que eso.
Ella ahí, frente a la ventana del segundo piso de su mansión. Lo poseía todo, y lo que no, se conseguía. No importaba el precio, tal vez ese era el problema, el costo, cada uno tiene su costo, cada cosa en el mundo. Ella tenía su precio, era el de la fama, el del repudio, el del abuso. La reventaba todo eso, la ahogaba, ya no podía más. Había amado mucho y sin embargo, ahí estaba sola, consigo misma, nadie más.
Se volvió, caminó hasta una caja que reposaba sobre una estantería llena fotos, entre las cuales en una salía desnuda. La abrió y tomó unos papeles. Se acercó a la cama en silencio, volvió a llorar y se arrodilló frente a ella. Abrió las cartas, las leyó y vio al final la firma que decía tan sólo “J.K”. Se durmió recogida en su amargura, y despertó unos minutos más tarde.
Estaba decidida, tomó el teléfono y marcó lentamente los primeros tres dígitos, se detuvo y respiró. Colgó. Se puso de pie y caminó al espejo. Estaba frente a ella misma, eso era lo que existía, su fragilidad ya no aguantaba más, sucumbió. Se miraba, se olvidó un segundo de todo y fue feliz. Sentía pasos que la hicieron revivir. Dio media vuelta, tomó el teléfono y marcó.
El hombre estaba en el salón más poderoso del mundo, las pinturas, trofeos y documentos se lo recordaban. Acababa de cenar y ya se había despedido de sus hijos, quienes dormían plácidamente en sus alcobas. Estaba sólo e intentaba concentrase en los asuntos que demandaba su cargo, pero había algo que lo estorbaba, un pensamiento que vagamente lo acechaba a ratos, ¿Qué infundía tal miedo al hombre más poderoso del mundo? Se sentó en su sillón de cuero negro, apoyó su cabeza contra el respaldo y pensó.
Repentinamente sonó el teléfono y su corazón se detuvo un instante. Luego, sintió como se aceleraba y la incertidumbre reinó en él. Puso la mano en el auricular, sin levantarlo, lo apretó fuertemente, dejó que sonara tres veces y lo descolgó. Se lo empezó a acercar al oído, podía sentir cada vez más cerca la angustia desde el otro lado de la línea. Estaba entendiendo cual era su miedo.
Se apegó el auricular tan cerca como pudo y habló.
Tras largos y tensos minutos de conversación, la mujer escuchó tan sólo un resignado “lo siento”, antes de que se cortara desde otro lado. Se quedó escuchando impávida el sonido de la línea colgada. Reaccionó lentamente, dejó el teléfono arriba de la cama, sin haberlo colgado. Caminó sollozando hasta la ventana, la abrió y encendió un cigarro. Demoró poco en terminárselo, tal vez fue el momento más angustiante de su vida, pero qué valía todo ahora. Cerró los ojos y pensó.
Se sentó en el borde de su cama. Las sábanas rojas daban una imagen sensual y erótica de su figura, eso había sido su deseo siempre y también, su gran error: el desear lo equivocado. Estaba pagando por todo, pagaba por lo que jamás hizo y sí le hicieron. Era la culpable de lo ajeno, la diva que nunca fue.
Agarró el frasco que yacía congelado y altanero entre las sábanas. Lo abrió pesadamente y se sacó unas cuantas tabletas. Empezó a echarse una por una a la boca. Tragaba con dificultad pero segura de lo que hacía, era el único deseo en ella. Ya había quedado vacío el recipiente, lo dejó sobre su velador y se recostó. Empezó a dormirse como la niña que siempre fue, cerró los ojos tranquilamente, como siempre había deseado que fuese. El claro de sus pupilas se había apagado, nunca más se volverían a iluminar.

8 Comentarios:

Blogger Fransada dijo...

***

Hola! No sé cómo habrás llegado a mi pequeño y anónimo BLOG, pero bueno...

Me gustó harto este cuento que acabo de leer, pero me dio pena.
Hablar de suicidios no me atrae mucho en estos momentos en realidad.

Ojala me sigas posteando.
Y gracias por leer....
pensé que nadie más lo haría.

Cuidate...

***

5:09 p. m.  
Anonymous Slavna dijo...

tu siempre escribiendo
leyendo
escuchando..
se extrañan esas cosas de ti,
sobretodo cuando conversabamos y me dabas clases de historia

tu presencia tb =)
besos

5:31 p. m.  
Anonymous Vane dijo...

...La verda k mucho no puedo decir, solo que es muy lindo, y la verda k tiene los tokes tuyos, son bkn... sigue escribiendo tan lindo ocmo siempre, aprovecha el don k tienes ;)Cuando kieras sabes ke me puedes escribir jojojo
Te deseo lo mejor con estos temas... y con todo...

Un Besito!
Vane ;)

PD:... no importan los distintos caminos ke tomemos, siempre llegaran al mismo lugar...TKM!

6:05 p. m.  
Anonymous OLivia N dijo...

Meeencantó. el tema, a pesar de estar escrito y reescrito un millón de veces, siempre da para más. este es de los bien escritos, creo. Y te lo dice una rubia!

7:46 p. m.  
Blogger Fransada dijo...

***

Mish, aver, vuelvo para aca
y creo que me doy cuenta de que te conozoco...

Nos fuimos juntos en la micro la
otra vez?

Que freak..no habia cachado que eras tu. Escribes muy lindo, ya me lo habian comentado antes.

cuidate...

***

7:14 a. m.  
Blogger M&M dijo...

Más allá de los elogios respectivos, un par de alcances. Lamentablemente el lenguaje nos hace adjetivarlo todo, calificarlo todo. Y por supuesto, describirlo todo. Creo haberlo comentado antes.

En general, el texto funciona. Difícil acercarse a un evento así de distante, en un contexto tan ajeno. Cuando se escribe, nos referimos a un mundo extraño, a una 'realidad' que no existe y no nos pertenece.

Pero bien igual. Hay que ir soltando los dedos.

Saluts

10:26 a. m.  
Blogger Ulises Lima dijo...

Buen cuento. Me gusto más que el primero que leí, el anterior.
Hay fragmentos que me gustaron bastante, como cuando describes la ciudad. Cuando la describes a ella, en algunas partes me hiciste recordar cuando estaba leyendo "El beso de...", cuando el homosexual describia a las mujeres, me dio un poco de risa.
Eso sí, además de algunas cosas que cambiaría, algunas comas por puntos y algunos puntos por comas, hubo una cosa que realmente no me gustó: "...era una gran guerra" Sinceramente no puedes poner algo así, suena mal dentro del contexto, no, me cargo eso. Pero aparte de eso nada extraoridnario.

Sigue escribiendo. Lo haces bien.

3:24 p. m.  
Blogger Varta Jeipia dijo...

Ahí frente al Piano ella se sienta y toca, y mientras sus manos recorren las teclas, siento cómo mi corazón se hincha... ¿Sabes quién es el que toca?

Me encantó el cuento. Te felicito.

3:17 p. m.  

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